Xalapa Tipz!

Erase una vez un Rey

La Dirección General de Femento Educativo, Cultural y Deportivo les invita al obra de teatro ‘Erase una vez un rey’

Donde- Centro Recreativo Xalapeño, Xalapeñps Ilustres esq. Insurgentes
Cuando- 30 Diciembre 1230 hrs
Coop. $25.00

Museos

Museo de Antropología
Dirección: avenida Xalapa s/n, entre las avenidas 1ro de Mayo y Acueducto, Xalapa (Veracruz).
Teléfono: (52-228) 815-4952 / 815-0910 / 815-0708
Web: www.uv.mx/max/
Horario: de martes a domingo desde las 9:00 horas hasta las 17:00 horas (*)

(*) El museo no atiende al público el 1ro de enero, 5 de febrero, 21 de marzo, 1ro de mayo, 16 de septiembre, 20 de noviembre y 25 de diciembre.

Museo Hacienda El Lencero
Dirección: kilómetro 10 de la carretera Xalapa-Veracruz, Xalapa (Veracruz)
Teléfono: (52-228) 820-0270

El Centro de Xalapa

El Centro Histórico de Xalapa

Javier Estrada San Miguel

Lo que hoy llamamos pomposamente “Centro Histórico de Xalapa” es la traza exacta del pueblo en el siglo XVIII: unas cuantas calles, amplias, torcidas y desparramadas por la falda del Macuiltepetl, que en pleno auge de las Ferias de la Flota Mercante, allá por mil setecientos y tantos, debieron ofrecer un espectáculo fascinante emulando un gran tianguis entre persa y totonaco, que daba cabida a mercaderías provenientes de la mitad del mundo: Asia, América y Europa.

Baste decir, sólo para poder imaginárselo, que durante los trescientos años de la Colonia no hubo otra población en la Nueva España que recibiera de manera concertada tantos visitantes de tan diversa procedencia que llegaban para comerciar y parrandear durante unos sesenta o setenta días, alejados del vómito negro, los zancudos y los piratas malvados que merodeaban las costas del Golfo y el Caribe.

Con su aire ligeramente medieval, el villorrio se prestaba de sobra como escenario para que lo recorrieran personajes de todo linaje: desde los personeros del Virrey de casaca bordada y peluca, hasta los mendigos de harapos más miserables, pasando por traficantes, marineros, soldados, arrieros, raterillos, muchachas de muy buen ver y comediantes de la legua, que subiendo por aquí y bajando más allá por los empinados callejones, apenas alumbrados con antorchas, daban vida a la incipiente metrópoli que se brindaba cálida y hospitalaria al visitante, ofreciendo por igual la posada mejor atendida, una plaza de gallos reglamentaria, casas de juego de lotería y conquián y suficientes figones de memelas y chilatole, dignos antecesores del fast food.